En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, la alimentación también se transforma. Para muchas personas, reducir gastos significa saltear alguna de las comidas del día o resolverla con un producto económico y fácil de conseguir. Entre esas alternativas aparece el alfajor: aporta calorías, es práctico y puede producir una sensación momentánea de saciedad. Sin embargo, reemplazar habitualmente la cena por un alfajor está lejos de ser una alimentación completa y puede generar consecuencias cuando se sostiene en el tiempo.

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El problema no está en comer un alfajor ocasionalmente. El inconveniente aparece cuando ocupa el lugar de una comida que debería aportar proteínas, fibra, vitaminas, minerales y grasas saludables, además de energía. Un alfajor convencional suele estar elaborado principalmente con harina refinada, azúcar y grasas, y puede contener cantidades importantes de calorías en relación con su volumen.

Por qué un alfajor no equivale a una cena

Aunque puede quitar el hambre durante un rato, el alfajor no proporciona el equilibrio nutricional de una comida. Su composición suele estar dominada por hidratos de carbono y azúcares, mientras que la cantidad y calidad de proteínas, fibra, vitaminas y minerales es insuficiente para cubrir las necesidades de una cena.

Además, los azúcares y harinas refinadas pueden producir un aumento relativamente rápido de la glucosa en sangre. Después de esa respuesta, el hambre puede regresar en poco tiempo. Esto genera una diferencia importante entre sentirse lleno momentáneamente y estar correctamente alimentado.

Si la situación se repite todas las noches, la dieta puede volverse progresivamente más pobre en nutrientes esenciales. La falta de proteínas suficientes, por ejemplo, puede dificultar el mantenimiento de la masa muscular, mientras que una alimentación con poca fibra puede afectar el funcionamiento intestinal y la sensación de saciedad.

El principal problema es la frecuencia

Comer un alfajor después de una cena o elegirlo ocasionalmente porque no hubo tiempo para cocinar no constituye, por sí mismo, un problema nutricional grave. El riesgo aumenta cuando se transforma en la comida principal de manera frecuente.

Una persona que reemplaza sistemáticamente la cena por un alfajor puede terminar consumiendo demasiados azúcares y grasas en relación con otros nutrientes que necesita. A largo plazo, una alimentación de ese tipo puede contribuir al aumento de peso y al deterioro de la calidad general de la dieta.

También puede producirse un círculo difícil de romper: se come un alimento barato y calórico, el hambre reaparece y, al día siguiente, se vuelve a buscar una opción rápida. El organismo recibe energía, pero no necesariamente los nutrientes que necesita.

Qué ocurre cuando se saltean comidas por falta de dinero

El problema adquiere otra dimensión cuando el alfajor no se elige por gusto sino porque es una de las pocas alternativas que permite afrontar una comida con el dinero disponible.

Saltear comidas de manera habitual tampoco es una estrategia nutricional recomendable. El organismo necesita energía y nutrientes a lo largo del día, aunque la cantidad y distribución de las comidas puede variar según cada persona.

Cuando una familia reduce la alimentación por razones económicas, el problema no debería plantearse simplemente como una cuestión de "comer mejor". El acceso a alimentos nutritivos también depende de los precios, los ingresos y la disponibilidad de opciones económicas.

Con poco dinero también se puede buscar una opción más completa

Si el objetivo es gastar lo menos posible, una comida sencilla puede ofrecer una composición mucho más completa que un alfajor. Según los precios disponibles, huevo, legumbres, arroz, avena, papa, verduras de estación o alguna fruta pueden utilizarse para armar preparaciones económicas y con mayor aporte nutricional.

Por ejemplo, un plato de arroz con huevo puede aportar hidratos de carbono y proteínas; unas lentejas con verduras suman proteínas vegetales y fibra; y una tortilla de papa y huevo puede resultar más completa que reemplazar la comida por una golosina.

No se trata de convertir cada cena en una comida elaborada. La diferencia está en intentar que, aun cuando el presupuesto sea muy limitado, haya alguna fuente de proteínas y alimentos que aporten fibra y micronutrientes, en lugar de depender exclusivamente de productos ultraprocesados.

Un alfajor puede calmar el hambre, pero no reemplaza la alimentación

El alfajor cumple una función concreta: aporta energía y puede generar saciedad temporal. Lo que no puede hacer es reemplazar por sí solo la variedad de nutrientes que ofrece una comida.

Por eso, si una persona alguna vez no tiene otra alternativa y cena un alfajor, no significa que haya cometido un daño inmediato a su organismo. El problema aparece cuando esa situación deja de ser excepcional y se convierte en la forma habitual de alimentarse.

En medio de una crisis económica, la cuestión excede la elección individual. Cuando una persona empieza a decidir qué comida del día puede eliminar porque no puede pagarla, el problema ya no es solamente nutricional: también es una señal de cómo la situación económica puede modificar hábitos básicos de alimentación.